Obelisco - Cultura Alternativa del Fútbol - Deportivo Cali

lunes, junio 23, 2008

Medidas desesperadas

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Parece una de esas películas que protagonizaron en su momento Andy García o Denzel Washington cuando encuentran que sus hijos están enfermos gravemente y las posibilidades de que mejoren implican tomar decisiones egoistas y que van en contravía de las buenas maneras. Eso mismo pasa ahora con el Cali. Los hinchas están viendo como su "hijo" muere lentamente, lleno de dolor, mientras los que pueden hacer algo no dan la cara.

Hay que entender que en el gran universo de la fanaticada verdiblanca, existen aquéllos que toman el apoyo al Deportivo Cali como una forma de vida, y que cuando es amenazada con inminencia, se deben tomar medidas por propia cuenta. Es difícil comprender la filosofía radical de estas personas; muchos no la han vivido a pesar de que dientes para afuera hablen de un supuesto "apoyo total" que no lo es tanto y más bien raya en la alcahuetería. Su actuación, de todas formas, es reprochable.

El inicio de los altercados tiene su orgien en la actitud de un equipo que sale a la cancha sin entender la situación que vive. Los primeros 25 minutos son buenos, aunque sin las ganas de revancha que se esperaban después de 15 días de entrenamiento. Sergio Herrera queda con el arco dispuesto para la anotación pero no la consigue. El equipo como para variar se queda sin oxígeno a mediados del primer tiempo y Carreño con su cambio le pone una almohada en la cara al moribundo. Járol Herrera sale con un malestar profundo pues su actuación había sido aceptable hasta el momento mientras veía que una paupérrima como la de Frangipane seguía siendo avalada para el partido. Ahí se desarma el equipo y empieza el baile cafetero que tenía matices de una nueva goleada.

Para el segundo tiempo, la misma actitud perdedora que ha identificado al Cali en las últimas fechas. El FRV se desesperó y se metió a la cancha. El objetivo, decirle a los jugadores que respetaran a la hinchada. Se dejaron llevar por la desesperación y la impotencia y decidieron actuar de forma egoista, sin pensar en las consecuencias. (Situación muy diferente a lo ocurrido con la Delincuencia hace algunos meses, cuando se quisieron matar entre ellos y acabar con la ciudad porque papá los bailó.) Sin embargo, después del insuceso, el equipo empezó a correr y a tratar de cambiar el resultado, pero no pudieron porque no tienen fútbol para eso.

Albert Duarte decidió continuar el juego cuando lo normal era suspenderlo por falta de garantías. Pero hasta el central entendió de qué se trataba la situación y salvó al Cali de una sanción ejemplarizante. Porque si del Alcalde depende, y de hecho tiene que ver en la decisión, son por lo menos 80 fechas para el Verdiblanco e ir de blanco de por vida. Seguramente sus "amigos" de alias BRS ya le estarán hablando al oído. El diario El País le dió primera página, un manejo distinto al que usualmente toman cuando son los rosados los que cometen peores atropellos. El FRV debe ser sancionado, las personas que ingresaron a la cancha tienen que ser judicializadas, porque aunque su actuar es comprensible desde algún punto de vista, no es el que se espera de un fanático azucarero y pone en peligro la seguridad de los que se encuentran en el estadio.

Definitivamente ésta es la peor situación del Cali en toda su historia. Ni cuando dejó de participar en el campeonato colombiano, ni cuando dejó de ganar un título por muchos años, ni siquiera en la crisis económica de los 80s. Esto es diferente, donde los intereses particulares prevalecen por encima de los colectivos, el dinero vale más para los jugadores que la propia institución que representan (y eso que les pagan bien y cumplido) y los que pueden hacer algo se hacen los de la vista gorda. La voz de la hinchada no cuenta. Anarquía absoluta.

El cementerio de jugadores y de técnicos se volvió costumbre desde hace rato. El hincha ya no sabe si el problema son ellos o si es el mismo equipo. Tal como va la situación, el próximo técnico también está destinado al fracaso; a próxima gran figura no va a triunfar.

Los señores de la Junta directiva tienen que renunciar; Daniel Carreño tiene que renunciar. En el terreno de juego los únicos que deben aparecer son Montero, Zapata, Belalcázar y Hernández junto con muchachos de la cantera como Cabezas (de buen partido). Los socios se deben replantear su responsabilidad con el equipo. Los estatutos se tienen que revisar.

La solución está en la medida del problema. Así como en la historia de Noé y el diluvio universal, se necesita algo que arrase con todos los vicios que carcomen a la única institución grande de Colombia. Pocos deben quedar al final. Es necesario un nuevo comienzo con elementos que valgan la pena y respeten por sobre todo, la grandeza del Glorioso Deportivo Cali.

Temas

1. ¿Qué tipo de medidas se deben tomar para devolverle al Cali su grandeza?
2. ¿Son posibles las medidas que proponen?

3. ¿Es ésta la peor crisis del Cali en toda su historia?


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